Traje sastre femenino chanel

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Chanel primavera verano 2022

En Stitch and Co llevamos mucho tiempo creando trajes a medida para una buena gama de ejecutivos. Al fin y al cabo, un traje perfectamente confeccionado transmite poder, estilo y una forma de identidad. Por eso hemos decidido explorar la historia triunfal del traje de mujer.

Aunque los trajes de mujer no se remontan a los años 1600 como los de los hombres, tienen una historia colorida y que rompe los límites.  La primera aparición notable de una mujer que hizo suyo un traje de hombre fue en 1870, cuando la actriz Bernhardt empezó a llevar su “ropa de chico” en público. En aquella época, el hecho de que una mujer luciera un traje de hombre era un escándalo, pero esta controversia no le impidió seguir desafiando los roles de género: interpretó el papel principal de Hamlet en 1899.  En cierto modo, Bernhardt se adelantó a su tiempo y fue la primera defensora de lo que se ha convertido en la tarjeta de visita de las mujeres recientes.

En 1910, el movimiento sufragista estaba en pleno apogeo y con él llegaron mujeres más audaces y activas. Las concentraciones, las marchas y las acciones directas requerían no sólo desprenderse de los anticuados ideales del siglo XIX, sino también una vestimenta menos restrictiva. Aparece el traje sufragista. Este predecesor del traje de falda de moda era un contrapunto puntiagudo a la favorita “falda coja”, la moda dominante de la época que era tan estrecha en los tobillos que quien la llevaba “cojeaba”.

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Cualquier historia de la moda está estrechamente relacionada con el desarrollo de la sociedad. ¿Quiere saber cómo apareció el traje en el armario femenino? ¿Qué significaba en aquella época? ¿A quién debemos agradecer el traje? Lee el artículo para descubrir las respuestas. SharePin609TweetShare609 Shares

En el siglo las mujeres europeas usaban chaquetas entalladas con faldas largas, llamadas trajes, para actividades como la equitación, el tiro con arco y el senderismo. Las personas que marcaron tendencia las adoptaron para su uso diario y, en 1905, eran trajes comunes para las mujeres. La American Ladies’ Tailors’ Association creó el “traje de sufragista” como respuesta directa a la falda de cojera, cuyo dobladillo era tan ajustado en los tobillos que dificultaba a la mujer dar pasos sin restricciones.  2La falda coja fue objeto de burlas por contradecir los avances que las mujeres estaban haciendo en aquella época. El traje sufragista, que proporcionaba a las mujeres más libertad de movimiento, se usaba para combatir la legislación que pretendía imponer el uso obligatorio de corsés y un dobladillo que no se alejara más de una pulgada del suelo.

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En Michael Andrews llevamos mucho tiempo creando trajes a medida para una amplia gama de profesionales. Al fin y al cabo, un traje perfectamente confeccionado transmite poder, estilo y un sentido de identidad. Por eso, en reconocimiento del Día Internacional de la Mujer, hemos decidido explorar la historia triunfal del traje femenino.

Aunque los trajes de mujer no se remontan a los años 1600 como los de los hombres, tienen una historia colorida y que rompe los límites. La primera aparición notable de una mujer que hizo suyo un traje de hombre fue en 1870, cuando la actriz Sarah Bernhardt empezó a llevar su “ropa de chico” en público. En aquella época, que una mujer luciera un traje de hombre era un escándalo, pero esta controversia no le impidió seguir desafiando los roles de género: en 1899 interpretó el papel principal de Hamlet. Adelantada a su tiempo en muchos aspectos, Bernhardt fue la defensora original de lo que se ha convertido en la tarjeta de visita de la mujer moderna.

En 1910, el movimiento sufragista estaba en pleno apogeo y con él llegaron mujeres más audaces y activas. Las concentraciones, las marchas y la desobediencia civil requerían algo más que desprenderse de los anticuados ideales del siglo XIX: necesitaban ropa menos restrictiva. Así surgió el traje sufragista. Este predecesor del traje de falda moderno era el contrapunto a la popular “falda coja”, la moda dominante de la época que era tan estrecha en los tobillos que la usuaria “cojeaba”.

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Antes de Jaden Smith y de la popularidad de las líneas de ropa de género neutro, la gente pasó 15 siglos manteniendo una fuerte división entre la moda masculina y la femenina. El principio definitorio de la moda masculina fue sin duda el traje, que acabó moldeando la sensibilidad de ambos sexos tras su concepción en el siglo XVII.

En Sex and Suits: The Evolution of Modern Dress, que será reeditado por Bloomsbury el 25 de agosto, la historiadora Anne Hollander traza una historia de la moda y el género, detallando las formas en que dos mundos dispares se han encontrado y divergido en diversos momentos. Hollander sostiene que la liberación de la ropa de la mujer (y del cuerpo femenino) requirió la adaptación de aspectos de la ropa de hombre que permitían un mayor movimiento físico, lo que tal vez explique por qué la línea unisex de Zara Ungendered se inclinó tan problemáticamente hacia la ropa “masculina”.

Haz clic para ver los looks “masculinos” y “femeninos” a lo largo de la historia, desde una reina del siglo XVI con ropajes reales hasta Marlon Brando renunciando al traje formal en Un tranvía llamado deseo, pasando por Coco Chanel con su sastrería característica.

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